La promesa de libertad brilla más fuerte cuando vienes de un lugar donde ser quien eres puede costarte la vida. Miles de personas LGBTQ+ migran cada año buscando un país donde no tengan que esconderse, donde puedan amar sin miedo, donde su identidad no sea delito. Pero la realidad que encuentran al llegar no siempre es la que imaginaron.
El desencuentro entre la expectativa y la realidad
Según ILGA-Europa, muchas personas LGBT migrantes, especialmente solicitantes de asilo y refugiadas, experimentan desilusión al llegar a los países de destino debido al desajuste entre sus expectativas y la realidad. Esta brecha no solo genera frustración: contribuye al deterioro de su salud mental y emocional.
Imaginas llegar a Europa pensando que todo será diferente, y te encuentras con que el racismo, la xenofobia y la homofobia también existen en el «primer mundo». Que tu proceso de asilo puede tardar años. Que no todos los países tienen acceso a terapia hormonal para personas trans o tratamiento antirretroviral para personas con VIH.s
La migración LGBT tiene muchas caras
No todas las personas LGBT migran por las mismas razones. Algunas huyen de la persecución directa: violencia familiar, leyes que criminalizan la homosexualidad, amenazas de muerte. Otras migran por trabajo, por estudios, para reunirse con una pareja extranjera.
Pero todas comparten algo: la identidad sexual o de género atraviesa su experiencia migratoria. Y sin embargo, pocas veces se habla de esto. La narrativa dominante sobre migración borra la diversidad sexual, como si todas las personas migrantes fueran heterosexuales y cisgénero por defecto.
El papel crucial de las organizaciones en países de origen
ILGA-Europa plantea algo fundamental: las organizaciones LGBT en los países de origen pueden hacer mucho antes de que alguien se vaya y cuando alguien regresa (voluntariamente o deportado). Esto es importante porque no todo el activismo LGBT está en Europa o Norteamérica. También hay resistencia queer en Kirguistán, en Uzbekistán, en Tayikistán, en todos los lugares de donde la gente huye.
Cinco cosas que las organizaciones pueden hacer antes de que alguien emigre
1. Crear redes con organizaciones LGBT en países de destino
No sirve de nada que alguien llegue a Berlín, Madrid o Ámsterdam sin saber dónde está el centro comunitario LGBT, cómo funciona el proceso de asilo o qué derechos tiene como migrante. Las organizaciones en países de origen pueden conectar con activistas en países de destino para obtener información actualizada y en lenguaje accesible.
2. Informar sobre las realidades del país de destino
Esto incluye acceso a atención médica específica para personas trans, disponibilidad de terapia antirretroviral para personas con VIH, pero también condiciones de vida reales: vivienda, empleo, racismo, políticas migratorias. La información debe ser honesta, no solo optimista.
3. Traducir materiales
Por ejemplo, activistas LGBT en Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán colaboran con centros comunitarios LGBT en Rusia (principal país de destino para personas LGBT de Asia Central) para traducir materiales online y offline al kirguís, uzbeko y tayiko. Así la información es realmente accesible.
4. Documentar casos
Con el consentimiento de las personas migrantes, las organizaciones pueden documentar sus casos y aprender a proporcionar materiales de apoyo y cartas —especialmente para quienes buscan asilo—. Estas cartas son cruciales para los procesos de asilo, porque aportan evidencia sobre la situación de las personas LGBT en el país de origen.
5. Conocer las tendencias migratorias del país
A veces tu país no es el destino final, sino un país de tránsito. En Asia Central, por ejemplo, Kazajistán y Kirguistán son países de tránsito para personas LGBT que huyen de Uzbekistán. Conocer estos flujos permite ofrecer información sobre espacios seguros, servicios accesibles, programas de reasentamiento de ACNUR y apoyo legal y psicosocial.
Cuando el sueño se rompe: apoyo a personas LGBT que regresan
No todas las historias terminan con asilo concedido. Algunas personas LGBT regresan voluntariamente a sus países de origen. Otras son deportadas. Y cuando vuelven, enfrentan angustia, inseguridad, desánimo.
Las organizaciones LGBT en países de origen pueden:
- Organizar apoyo psicosocial para migrantes que regresan mediante asesoramiento entre pares y grupos de apoyo en espacios seguros.supporting-lgbti-migrants-part-one-country-of-origin.pdf
- Conectar con servicios públicos de retorno y reintegración (si existen), asegurando que la seguridad de las personas LGBT no se vea comprometida por su identidad.supporting-lgbti-migrants-part-one-country-of-origin.pdf
- Emplear a personas LGBT con experiencia migratoria para ayudar a otras personas que regresan.supporting-lgbti-migrants-part-one-country-of-origin.pdf
La memoria como resistencia
Este enfoque de ILGA-Europa es revolucionario porque reconoce que el activismo LGBT no empieza ni termina en Occidente. Que hay activistas queer en Taskent, en Biskek, en Dusambé. Que las redes transnacionales son esenciales. Que la solidaridad no puede ser unidireccional.
Migrar siendo LGBT no es solo cambiar de país: es negociar identidades, expectativas, traumas, esperanzas. Y las comunidades —tanto las que dejamos como las que encontramos— tienen el poder de hacer esa experiencia un poco menos solitaria.
- https://hub.ilga-europe.org/community/supporting-lgbti-migrants-part-one-country-of-origin/










