Patrocinado
Editoriales LGBTQ+Entrevistas LGBTQ+EscortOpinión

Pingueros en Mi Cayito, la playa donde Cuba desnuda sus cicatrices

Cuba prohíbe la prostitución en la ley, pero la represión no es directa: el asedio al turismo y el “estado peligroso” son pretextos para multar y encarcelar.

Este reportaje narrativo traslada su escenario al corazón de la Playa Mi Cayito —playa de las personas LGBTQ+ en las Playas del Este de La Habana— y amplía su eje sociológico con las voces, contextos y vivencias recogidas de las entrevistas del video referenciado. El texto busca respetar la dignidad de quienes ejercen el escorting, evitando estereotipos y situando la práctica en su red compleja de deseo, necesidad y lucha cotidiana, en consonancia con la línea editorial crítica de La Caja LGBTQ+. Todas las referencias utilizadas pertenecen al video de youtube


I. Un día cualquiera en la playa de la resistencia

La arena hierve bajo el sol brutal del Caribe. Mi Cayito, a pocos kilómetros del bullicio capitalino, se transforma cada fin de semana en refugio y vitrina: aquí convergen cuerpos diversos, turistas, activistas y jóvenes que, como Samuel, Angelo y Manuel, negocian el presente en la “lucha”, como llaman en Cuba al acto de sobrevivir reinventándose.

Samuel, más conocido como “Peluche”, tiene 23 años, lo proclama sin rodeos ante la cámara: “El cuerpo es lo único que uno tiene para sobrevivir”. La frase no es poesía: es diagnóstico. Pululan las historias de muchachos que alternan entre el Parque Central, El Vedado y Mi Cayito, recalando en la playa que es también cruce de promesas y peligros.


Sentados bajo una sombrilla, los chicos repasan sus inicios: la entrada al mundo del escorting casi siempre es por necesidad. “Uno se adapta. Al principio es incómodo, después lo aceptas. Te tienes que imaginar que te gusta, metértelo en la cabeza”, admite Samuel.

“Uno se adapta. Al principio es incómodo, después lo aceptas. Te tienes que imaginar que te gusta, metértelo en la cabeza”, admite Samuel.

Muchos rehúyen la etiqueta gay y prefieren definirse como bisexuales o versátiles. El mercado, sin embargo, premia la apariencia “femenina”, las facciones suaves y la versatilidad sexual. “Me contratan más de pasivo que de activo por mi cara”, cuenta Samuel, entre risas y resignación. La masculinidad cubana se revela en la negociación permanente: el pinguero puede ser activo, pasivo, casado, padre… pero siempre debe mantener una coraza frente al estigma externo y la mirada familiar.

Las motivaciones no son solo eróticas: cada encuentro es también una estrategia para el futuro. “A veces buscas al turista bueno, el que te deja casa, regalos, una vida mejor”, cuenta Angelo. El ideal de migración y movilidad atraviesa casi cada relato.


Mi Cayito, junto a otros puntos calientes de La Habana, se ha consolidado como espacio de “trabajo”. Los precios fluctúan según la generosidad del “Yuma” (el extranjero), la crisis del momento y la calidad del encuentro. Las tarifas van de 10 hasta 500 dólares, aunque los máximos suelen ser excepcionales.

@lacajalgbt En Mi Cayito, la playa queer de La Habana, jóvenes como Samuel, Angelo y Manuel narran una realidad que pocos quieren ver: sobrevivir vendiendo sus cuerpos en un país donde la prostitución está prohibida pero las necesidades imperan. Hablan sin filtros del miedo, la extorsión policial y los riesgos silenciosos que enfrentan cada noche. Este pedacito es un pulso de la Cuba invisible, la que se negocia entre deseo, sobrevivencia y dignidad a la orilla del mar. Mira, escucha y reflexiona. Puedes ver el video completo en nuestra web lacajalgbt.com #Pinguerismo #ProstituciónCuba #MiCayito #CubaQueer #LuchaYSupervivencia #RealidadOculta #DerechosLGBT #EconomíaInformal #SaludSexual #ResistenciaQueer #NoAlEstigma #lacajalgbt♬ son original - La Caja LGBT+

La vida es también improvisación. Un día bueno puede dejar hasta 10,000 pesos cubanos, superando varias veces el salario estatal. “Hoy uno se va para Las Vegas, para la Casa de la Música. El café cantante no me gusta, pero hay trabajo donde hay turistas”, cuenta uno de los chicos. La decisión sobre con quién estar es siempre una mezcla de atracción, necesidad y “mecánica”: “Cuando no te gusta alguien, te imaginas otra cosa, buscas cómo funcionar. A veces te tomas una viagra, a veces es sólo mental”, explica Samuel.youtube​


IV. Trabajar, enamorar, fingir: la “mecánica” del afecto

Si algo revelan los relatos es que el sexo no es siempre directo. La “mecánica” consiste en abrir posibilidades: fingir romance puede traducirse en casas alquiladas, coches para el fin de semana, regalos y la fantasía de una relación duradera. “A veces uno engancha a un Yuma por dos semanas para que pague renta, te lleve de fiesta…”

Pero la economía emocional también desgasta. “El afecto te lo inventas, pero se acaba. La actuación cansa y a veces quieres que todo sea directo: pago y chao”, dice Manuel. La mayoría coincide en preferir el sexo cubano, que mezclan con humor, ironía y el orgullo del mestizaje: “Somos los más calientes, dicen los turistas. Se lo creen, y uno se lo termina creyendo también”.


V. Ley, policía y extorsión: vulneraciones cotidianas

Cuba prohíbe la prostitución en la ley, pero la represión no es directa: el asedio al turismo y el “estado peligroso” son pretextos para multar y encarcelar. “Si acumulas tres cartas de advertencia, un año preso por desobediencia”, advierten los chicos. Las multas, de hasta 15,000 pesos, son equivalentes a meses de salario formal.

La policía patrulla la playa, el Parque 25 y los puntos calientes. “He dormido en calabozos… Ayer mismo me pusieron una carta de advertencia, que no podía estar en la playa. Es como pagar impuestos en la sombra. Si no tienes dinero para el poli, te llevan preso”, denuncia Angelo.

El sistema genera una red informal de extorsión y violencia simbólica, donde sobrevivir es una negociación continua entre la ley, la necesidad y la complicidad.youtube​


VI. Familia, secretos y apoyo limitado

La familia, en la mayoría de los casos, conoce pero calla. La madre suele pedir a sus hijos “que se cuiden”; el padre, en silencio, se resigna. “Para mi papá sigo siendo su hijo, aunque sepa de lo que me dedico”. El estigma pesa, pero la necesidad supera cualquier conflicto moral.youtube​

Algunos, como Manuel, son padres: “Tengo mi hijo, tiene ocho años. No me juzga. Solo mi mamá sabe la verdad. Mi papá se hace el bobo, pero lo sabe”. La comunidad se convierte en refugio y red afectiva, donde compartir y tener amistades es tan valioso como conseguir clientes. “No buscamos solo sexo: también amistad. Somos personas chéveres”, resumen los chicos, reivindicando su humanidad frente al estereotipo.


VII. Salud sexual; entre condón, PrEP y el dilema del dinero

La conciencia sobre enfermedades de transmisión sexual ha crecido, pero la realidad económica impone sus propias reglas. “Siempre con condón… existe una pastilla que se llama PrEP, pero mejor opción es usar condón”, explican. Sin embargo, el dilema perdura: “Si ahora mismo alguien te ofrece $400 por hacerlo sin condón, lo haces. Es la realidad, aunque las manos te tiemblen”.

El riesgo se asume como parte inexorable de la lucha: “Uno no debería cambiar salud por dinero, pero la desesperación puede más”. Muchos admiten preferir “en carne viva”, porque “el condón es incómodo” para el placer y, muchas veces, para el cliente.

“Uno no debería cambiar salud por dinero, pero la desesperación puede más”.


VIII. Orgullo, humor y resistencia: micropolítica en la playa

Lejos del victimismo, en Mi Cayito los escorts reivindican su agencia. “Aquí no hay héroes ni víctimas; somos sólo muchachos queriendo un futuro menos incierto”, dice Samuel. El humor funciona como coraza, el orgullo de “ser cubano” como estrategia de seducción y resistencia.

La ciudad y la playa son escenario de negociaciones infinitas, donde la memoria y el deseo se cruzan con el desencanto y la ironía. “¿El mejor sexo es el cubano? Claro, ¿dónde está el mangoito?”, bromea Angelo, reivindicando el mito tropical con una sonrisa cómplice.


IX. Reflexión final: cuerpos que incomodan, memorias que resisten

Mi Cayito es mucho más que una playa: es laboratorio sociológico, escenario de transgresión donde las luchas por la dignidad, el deseo y la supervivencia se juegan cada día frente al mar. El pinguerismo, lejos de ser espectáculo, es síntoma y testimonio: revela la precarización estructural, los límites de la revolución y las estrategias de quienes resisten, sin pedir lástima, sino reconocimiento.

La “lucha” aquí es memoria viva y resistencia queer. Es exigencia de respeto, autonomía y políticas públicas que acompañen —sin criminalizar— la realidad de cientos de jóvenes cubanos que negocian su cuerpo, su afecto y su futuro, en el borde siempre frágil de la ley y el deseo.


La realidad no es bonita, ni romántica. La lucha de los pingueros de Mi Cayito se siente cada noche vibrante, pero también cargada de un costo: cuerpos que se venden, dignidades que se negocian, deseos que se ocultan y miedos que no se confiesan. No hay heroísmo ni redención automática. Solo supervivencia en su forma más cruda y una constante línea de fuego entre la necesidad y la ilegalidad.

Nelson, quien documentó esas voces, no es un ángel ni un salvador. Su cámara captura la verdad, sí, pero también mercadea con ella. Es la doble cara del periodismo independiente en Cuba: denuncia y espectáculo conviven, y la línea entre acompañar y explotar a sus protagonistas es tenue. Al final, el video se vende a un público que mira desde la distancia, curioso y a veces morboso, sin tocar lo que realmente significa esa vida.

Es un ciclo cerrado: los pingueros existen porque las condiciones los crean; el Estado los persigue y los corrompe; la economía los empuja a los márgenes y los medios los exponen sin resolver nada. La pregunta que queda es amarga y lógica: ¿quién gana realmente con estas historias? La respuesta no está en Mi Cayito ni en la playa, sino en el frío tablero donde las vidas son fichas movidas con severidad y cinismo.

Este reportaje fue realizado a partir de entrevistas abiertas en Mi Cayito y análisis documental. Las voces de Samuel, Angelo y Manuel ilustran el entramado humano, político y económico del pinguerismo en la Cuba contemporánea. Todas las fuentes fueron citadas, y las identidades y testimonios tratados con respeto y dignidad.

  1. https://www.youtube.com/watch?v=uFoqGxkvCMk
  2. https://soloparaviajeros.pe/cuba-pingueros-y-prostitucion-en-un-destino-top-para-el-turismo-sexual/
  3. https://www.ohchr.org/es/press-releases/2017/04/end-visit-statement-maria-grazia-giammarinaro-special-rapporteur-trafficking
  4. https://www.undp.org/es/cuba/noticias/la-experiencia-piloto-de-prep-en-la-prevencion-del-vih-en-cuba
  5. https://d-cuba.com/actualidad/salarios-en-cuba-en-2025-cuanto-gana-un-trabajador
  6. https://www.cibercuba.com/noticias/2025-08-31-u1-e43231-s27061-nid310015-salario-medio-cuba-sube-6649-pesos

🤞 No solo leas… únete a la comunidad.

Cada semana recibirás una selección de nuestras mejores historias, además de enlaces a películas, recursos y contenido que vale realmente la pena.

¡No hacemos spam! Más información en nuestra política de privacidad

Editor Profesional Independiente https://www.afnil.org/afnil_editeurs/7158566/

¿Cuál es tu reacción?

Entradas relacionadas

1 of 9

Deja un comentario

Por favor acceder para comentar.